martes, 15 de mayo de 2012

No somos nosotros, Amor...



Amor, soy Victoria, esa que nunca existió, esa a la que no imaginaste, esa a la que jamás amaras.

¿Qué porque te llamo amor?

Sí, puedo ver en tu rostro esa pregunta. Porque te amo, porque yo le amo a usted. Es complicado, pero antes de que yo “existiera” usted jamás se había fijado en mi. Me había visto, incluso me había hablado, usted hasta me había sonreído y toda la cosa, pero no sabía quién era, tenía que mirar la lista, o esperar a que yo adivinara que su cara quería preguntarme mi nombre, pero no porque le importara, mi nombre lo necesitaba para no llamarme “tu” o “chica” o como alguien como usted llamaría a alguien como yo… su “…”

Puntos suspensivos, sí, se parecen a lo que usted podría pensar de mi. Yo amándole y usted… pensando porque lo miro de esa forma, si ya debí de haberme retirado del lugar… todo se resuelve con puntos suspensivos… hasta que decido existir, hasta que me obligo a hacerme presente, hasta que muevo algunas piezas del ajedrez, y entonces usted comienza a saber de mi existencia, aunque no por completo, soy yo, pero aun no soy yo, estoy bajo una máscara, donde me resulta más fácil ser una parte de mi frente a usted, y entonces ya que me comienza a notar, usted, o “tu”, como ahora me pides que me dirija a ti, tienes la ligera sospecha de con quién hablas, y entonces decides que acciones continuas, y cuales frenas.

A  veces creo que era mejor callar,  no existir para ti, no ser nadie en tu vida, ser un alguien más que ocupa esa silla, cada martes, y jueves, sin ninguna falta, a menos de que tú así lo pidieras. Pero eso sí, si callaba no iba a ser nadie, nunca, si callaba, continuarías sonriéndome al pronunciar mal mi nombre, si callaba, seguirías con las miradas que creía iban en doble sentido, si callaba, tu serias como siempre, amable conmigo, insisto, si callaba, iba a seguir pensando que todo lo que hacías… tal vez, solo porque si, eran señales…

Al no ser nadie, al no tener el control de quien puedo llegar a ser por ti, se lo deje al destino, y entonces las miradas, las sonrisas, las “señales” continuaron, y me cansaron, y me hartaron, y me agobiaron, me hicieron querer algo mas, y esta vez me decidí, y el destino lo hice yo…

Yo juego, yo muevo la torre que quiero, y dejo de ser el alfil que fácilmente puedes confundir con los otros 11 que hay en la mesa, y entonces soy yo quien decide, que se mueve, que se queda, quien se abalanza sobre quien, pero tú no lo sabes, tú no sabes que soy yo, y juegas un poco con alguien que apenas existe, con alguien que apenas tú conoces, con alguien que sabe hasta lo que tú crees que nadie  más sabe de ti…

Y cuando juego de reina, y me ubicas, entonces sabes quién soy, me reconoces por mi forma de escribir, por lo que te di antes de que lo pidieras, porque eres parte de mi futuro, y entonces ya sabes que existo, y que he hecho, quién soy y sin querer, ya te entregue mis próximos movimientos, y hasta mis planes donde tú y el futuro, que así te he nombrado, existen ya, y lo que pienso, todo, te plasme mis sentimientos en papel, te di el mapa de mi persona, y ni siquiera estaba segura de que quisieras conocerlo.

A cambio, a cambio recibo mas sonrisas, más dulces miradas, algunas confundidas, pero tiernas al final, y palabras, muchísimas palabras… pero una respuesta que cambia todo… una “O”… una “O” que me vuelve loca, que me hace suponer mil cosas, inventar historias, que me hace desvariar, y querer perderme en su infinita línea…

Significa la “O”, que si tú querías que yo existiera en tu vida, tú tendrías que dejar de existir…

Y entonces, con esa “O” cerramos tu existencia, firmamos mi silencio, dibujamos besos que nunca existirán, inventamos caricias que jamás sentiré, y mentiras, mentiras que dependiendo a quien dejamos existir, a veces se vuelven realidad, como cuando te digo que te amo, y ahora, quien no existe para el mundo eres tú, y yo, yo solo soy Victoria o mejor solo seré una chica que ama a alguien que nadie en el mundo puede conocer, olvida mi nombre, que jamás fue Victoria… tú, mi amor, no tienes nombre, por eso te llamo amor.

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